Próspera y Ruskin Bond

Namasté dorsto!

Hoy es un día absurdo. Me he levantado a las 8 para ir a clase pero no ha venido ni blas o, ya que estamos en India, ni Abishek, que es como el Pepe indio. Ayer también fui y tampoco vino nadie. Resulta que en principio hoy era Id (la fiesta musulmana que pone fin al Ramadán) y por tanto festivo, pero como la luna salió por no sé dónde lo adelantaron un día. Aprovechando la confusión, todo el mundo ha decidido pasar de todo y, por supuesto, no informarme a mí de que podía quedarme durmiendo.

Pero bueno, no me voy a cabrear porque estoy bastante relajadita después de mis cuatro días en Massouri, capital de verano de los británicos y pueblo idílico en las estribaciones de los Himalayas. Cuando salimos de Delhi llovía y una vez allí fue como si el invierno por fin hubiera llegado. Es un lugar profundamente decadente. A mí me encantó y desconcertó a partes iguales; es muy curioso porque parece como si los indios fueran ahora la élite que oprime y es servida por nepalíes, tibetanos y demás refugiados dispersos sobre todo por los pueblos de montaña. Los antiguos cottages y edificios coloniales resultan fantásticos en su abandono; parece que en cualquier momento va a salir un inglés blando y sonrosado a la veranda, a tomar un té con pastas. La gente es muy muy agradable, carente por completo de la ruindad deliniana. Continuando con el absurdo imperante nos alojamos en el Hotel Broadway, una guest house que costaba menos de seis euros por noche (la tarifa incluye todos los chais que uno pueda engullir sin subirse por las paredes) y un balcón inmenso con vistas al valle. Me he pasado los días escribiendo, paseando y perdiéndome por las montañas con Tika, y aprendiendo hindi con Pranav.

Además hice una visita muy interesante.Un alumno mío me había dicho que en Massouri vivía un escritor muy famoso, Ruskin Bond, que tenía fama de excéntrico y asequible a partes iguales. Cuando llegué, fui a la librería del pueblo, compré dos de sus libros (tiene publicados como 40, la mayoría de ellos en Penguin, o sea que es muy famoso, tanto en India como en Gran Bretaña y EEUU) y le pregunté al dueño si Mr Bond bajaba algún día de la semana a Massouri. Me dijo que todos los sábados estaba de once a una en la librería pero que, como era Diwali (la fiesta de las luces, una de las más importantes para los  hindúes), vendría  el domingo. Mr. Bond no apareció ese domingo porque se encontraba mal, pero el librero me dio su número de teléfono. Lo llamé asumiendo con naturalidad lo radicalmente fáciles o difíciles que son aquí las cosas. Sri Bond on the phone me pareció maravillosamente ágil e irónico para sus casi ochenta años. Me dijo que hacía un día asqueroso y que lo mejor esos días era no salir de la cama. Le di la razón y cuando iba a despedirme me ofreció ir a su casa a charlar un rato esa misma tarde.

Después de comer Tikha y yo fuimos andando hasta el pueblo vecino, Landour, mucho menos turístico y absolutamente pintoresco, con un pequeño bazar lleno de puestecillos que ofrecen frutas, verduras, saris, chatarra, bidis y paan (tabaco indio para fumar y mascar respectivamente), menudencias de todo tipo, chatarra, gorros, calcetines y guantes tejidos a mano por los refugiados nepalíes, zapatillas nike traídas de las fábricas de falsificación chinas hasta India por los tibetanos… Mr Bond vivía “en la última casa de la montaña por la que trepaba el pueblo”. A mí la indicación me escamaba, así que no paraba de preguntar a los lugareños la dirección del escritor.

Finalmente, sudorosas por la subida, alucinadas por el paisaje de las montañas y por el espíritu de este pueblo casi arcádico, llegamos a la casa de Sri Bond, igual casi que las demás, encalada y maciza, con un par de arcos de ladrillo y aspecto mogol disimulados bajo los desconchados de la pared. Mr Bond vive con varios niños que ha ido, y sigue, adoptando en una casa que es en sí misma símbolo de toda la historia india del siglo XX. Él nació en Simla, de padres británicos, y estudió cinco años en Londres pero, después de la Independencia, decidió quedarse en el país en el que había nacido. Tiene los ojos azules pero es completamente indio, sólo hay que ver su baño, con la jarrita de plástico clásica al lado del retrete, y oírlo asentir constantemente a lo que estás diciendo con la palabra favorita de los indios, “accha”, bien, vale, entiendo, claro. Después de media hora de conversación pareció darnos el visto bueno, y sólo entonces, nos invitó a chai y un bizcochazo, este sí british british, que tuve que compartir con el pequeño gato que, según Mr Bond, se había incorporado recientemente a la familia.  El señor es muy sabio, gracioso, sobrio (aunque dice que en los días de frío se queda metido en la cama, escribiendo y bebiendo ron) y muy lúcido. A pesar de sus editore,s decidió vivir en las montañas, donde permanece a salvo de la vorágine esnob del mundo literario de Bombay y Delhi. Me regaló el único libro que tiene traducido al español, ¡en Barco de Vapor!, El camino del Bazar, y me firmó su novela Delhi is not far, que es maravillosa y está publicada en Penguin. Si podéis, leedla…”

Mussoorie_and_Landour,_1860s

Escribí este correo en algún momento del invierno deliniano de 2006. Hoy releo estas primeras impresiones que me despertó un autor al que conocí antes de leerlo:  su fama lo precedía. Siete años después Delhi no está lejos puede leerse ya en español, en Automática Editorial, y, próximamente, también aparecerá su primera novela, Un cuarto en la azotea. Esta última novela, que escribió con sólo diecisiete años,  supuso el nacimiento a la ficción de Rusty, uno de los personajes literarios que más se repiten en la obra de Bond, conocido por varias generaciones de indios. En muy breve, también el público hispanohablante tendrá la oportunidad de conocer el álter ego juvenil de este gran escritor, hasta ahora prácticamente desconocido por estos lares.

La lectura de sus cuentos y novelas tiene un efecto balsámico, casi liberador. Fanny Rubio decía que, cuando necesitaba relajarse, huía unos días a algún lugar de la sierra con La lámpara maravillosa de Valle Inclán, para hacer “ejercicios espirituales”. Yo, a pesar de mi amor por el creador de Max Estrella, cuando aprieta la desazón, me refugio en Ruskin Bond…

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La insomne agonista

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Vacas, piojos como elefantes y la sorpresa

otra vez bailando en el fondo del ojo,

picoteándome con una curiosidad plácida y penetrante,

resumiendo en imágenes el absurdo de cualquier existencia.

Las estaciones han pasado de una a otra

bailando con los espíritus de nosotros,

habitantes que sufrimos, en esta ciudad sin mar

receptora impasible un día tras otro

de cientos de espíritus en su seno

que pronto devorará con el amor y la precisión

propias de una cruel reina abeja, de una funesta

mantis religiosa disfrazada de emperatriz mogola:

aquí los cuerpos de los muertos

son los únicos que no ocupan espacio.

Las danzas de los vivos entre tanto

irán encaminadas a jugar a escapar de la nada

concentrando sus esfuerzos entre los ojos semicerrados,

ansiosos de regresar a dudosos paraísos artificiales

surgidos de las entrañas de esta ciudad artera, al sueño

traficante de penas negras y flores de todos los colores,

acelerando al ritmo del ruido incensante, bajo un cielo

ceniza sobre fondo de espanto, para luego retomar

el paso que impone la noche a los fantasmas

que habitamos en esta ciudad lejos del mar

en la que tras la desgracia a veces ocurren milagros

probablemente propiciados por los cambios

experimentados por la indiferente luna

que crece y decrece apareciendo en ángulos inesperados…

En medio de la carretera

siguen las fieras aullando

desesperadas por delimitar fronteras

entre la jungla y el asfalto.

Nadi Kinare

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Llovía en Delhi esta mañana

como si fuera invierno

y estuviéramos en Europa.

Los repartidores de leche y

los guardias de seguridad

de la universidad

se liaban la manta a la cabeza

igual de sometidos

al calor y al frío

en esta ciudad nadi kinare

que no se apiada ni del paisaje.

Empezaba a levantarse

la niebla

cuando dejamos a un lado Rajghat.

Diversos medios de transporte

se abalanzaban a las carreteras

estoicos y suicidas a un tiempo,

algunos rickshaws

(en dirección contraria

al viento)

se jugaban la vida

en los umbrales de calles

arrasadas de lodo,

agujereado el suelo

por las muletas renqueantes

de los tullidos que piden

en los semáforos.

Los niños, a las seis de la mañana,

ya están jugando, crueles,

a la vida,

La jungla que nos desampara

está más verde y jugosa que nunca.

Ya se ha hecho de día

y no para de llover en Delhi;

me apena irme justo ahora

que la ciudad se quita el disfraz

de cortesana mentirosa

para mostrar su desvalida inadaptación

a los tiempos que corren.

Próspera hasta la peineta

Mira que ya decía yo que el 2013 no traía nada bueno. Que se lo digan a Mariano, ese señor que nunca debió salir del casino de Santiago de Compostela en el que yo lo imagino desmelenándose, dejando por un rato sus grises oposiciones a registrador de la propiedad para echarse una brisca, si se sentía especialmente osado quizás un mus con copa y puro… En fin, sobrecogedora imagen que nos lleva al bochorno internacional que este señor, líder de una panda de caciquillos, consumidores de gomina a espuertas, devotas de la mantilla y aprendices de señoritos sin ninguna capacidad dialéctica, está protagonizando estos días. Es el sainete más lamentable ofrecido en tiempos recientes. Zapatero pasará a la historia como un presidente serio al lado de este señor: con eso lo he dicho ya todo.

Pero aún hay más: la sed de venganza me bulle, irracional, esófago arriba, la violencia más virulenta, barriobajera e instintiva me recorre sin cesar dejándome exhausta mientras aporreo con saña las teclas para darle un poco de salida a tanta agresividad tan mal contenida. Y es que sólo quiero matar, sabiendo que no debo, que debería ser racional y proponer algo constructivo,sólo deseo que alguien pague de una buena vez por todo este sin sentido.

Maurizio Cattelan

Es muy infantil, lo sé y no me importa: si la rabia no saliera de alguna manera pensaría que ya lo han conseguido, que estoy completamente muerta, que no sólo soy racional sino que además ni siento ni padezco. Tras la caída del rey en Botswana, los casos de corrupción de Camps, del Duque de los Cojones, de la Infantonta, los artículos a 3000 los llevo de Amy Martin-aka mujer del Renacimiento: manda huevos-,  la inhabilitación de Garzón (¿dónde hay un juez ahora que se atreva a hincarle los dientes a los políticos, independientemente del partido que sean?), después de haber sufrido paro, subida de IVA, subida de luz, exilios involuntarios, abandono masivo de amigos de la ciudad, del país, casi del mapa, empleo precario, indiferencia total por parte del país, por no hablar de los políticos, centrados en sus resultados electorales sin más, desvinculados por completo de la realidad social, pagando por un menú en el Congreso lo mismo que fijan por ley que debe abonar un niño por llevar su propia comida al colegio, hasta que, uno a uno, todos los sectores del país han sido torpedeados por el salvajismo del paro y los recortes…. Después de todo este rosario de demencias y desgracias supongo que lo normal sería dejarse llevar por el total escepticismo que yo, por otra parte, practico siempre que puedo y, de ahí, pasar sin transición al nihilismo más pesimista y total, a la indiferencia, al pasotismo.

Sin embargo, yo que una vez me matriculé (aunque no asistiera jamás a clase, de lo cual me arrepiento infinitamente) en una asignatura llamada Nihilismo y Acción, propongo que nos rebelemos ante tanta decadencia moral y humana, que protestemos, que salgamos a la calle, que replanteemos de una vez la Constitución, que los militantes de los partidos políticos fuercen una reestructuración de las cúpulas de los principales partidos políticos en España, que aprovechen y hagan un ERE para jubilar a esos señores que llevan chupando del frasco desde la tan cacareada Transición, a esos que, ya emputecidos y corruptos por el paso de los años,  nos han llevado a este descalabro monumental del que sólo nos va a sacar , si es que algo puede salvarnos, la presión ciudadana a escala global, organizada, y, si se pudiera, en el marco de la legalidad vigente. Ahora sí que sí, no como indignados, ni como peperos ni como sociatas ni como perroflautas, sino sencillamente como ciudadanos, como animales -políticos o no-, como seres pensantes que somos, debemos tomar las riendas de nuestra vida y de nuestro futuro y exigir responsabilidades penales a todo aquel que haya podido enriquecerse de forma espúrea a costa de sus posiciones de poder.